En 1856 el presidente Don Ignacio Comonfort emite un
decreto para autorizar una feria anual en la entonces villa de San Ángel. Esto no fue
otra cosa que la simple institucionalización de un acontecimiento que había nacido a
principios del siglo XVII, gracias a la labor de los frailes carmelitas descalzos y las
aguas del río de la Magdalena. Estas dos circunstancias provocaron en las tierras de San
Ángel un sin numero de jardines y huertas que incitarían el amor a las flores y los
frutos entre sus pobladores.
San Ángel o Tenanitla, nombre indígena del barrio,
se comenzó a convertir en un sitio de recuperación y veraneo desde el siglo XVI. Sus
condiciones geográficas, al pie de las montañas, lejos de las orillas de los lagos, con
varios riachuelos que lo atravesaban, y con tierras fertilizadas por las antiguas
erupciones volcánicas, le permitieron abrigar los cultivos de indios y españoles.
Pero es indiscutible que fueron los Carmelitas
quienes en 1597 acometieron la empresa de nivelar, fertilizar e irrigar las tierras de
manera perseverante.
El viejo Monte Carmelo, a las orillas del Mar
Mediterráneo y cuna de esta orden de ermitaños, lleva este nombre en alusión a los
jardines o huertas existentes en él. En recuerdo de este origen, los religiosos
disponían huertas y jardines floridos junto a todas sus fundaciones, lo que facilitaba la
vida de recogimiento interior y contemplación que su regla imponía.
El mismo Fray Andrés de San Miguel fue encargado de
represar y canalizar las aguas del río Magdalena, así como de trazar y construirle
senderos a la huerta que tanto prestigio ganó para este antiguo barrio
de Coyoacán.
Además sirvió de ejemplo a sus vecinos para que así San Ángel se transformara en la
villa llena de flores y frutos que tanto alabaron los escritores del siglo XIX.
La celebración de las fiestas en honor de la Virgen
del Carmen, durante el mes de Julio de cada año, fueron el pretexto para que el pueblo se
enjoyara con las flores y los frutos de los más variados aromas, coloraciones y aspectos,
todos de gran deleite a los sentidos.