Por 1595 surgió la necesidad de establecer un
colegio religioso para preparar a los frailes. En 1601 se realizó un primer intento en la
Ciudad de México, hecho que se vio frustrado por diversas circunstancias. Lo mismo pasó
con los siguientes intentos, incluso cuando fue remitido a Valladolid (Morelia) en 1605.
Pero esta nueva ubicación del colegio no convenía al resto de la provincia, porque
habían otras dos fundaciones en Celaya y en los montes de Santa Fe.
Incluso la fundación del Santo Desierto en los
montes de Cuajimalpa, sitio que conocemos popularmente como Desierto de los Leones, tuvo
mejor suerte.
Con el transcurrir de los años las casas carmelitas
proliferarían: Querétaro, Salvatierra, Tacuba, Toluca, Oaxaca, San Luis Potosí,
Tehuacán y el traslado del Santo Desierto de Cuajimalpa a las cercanías de Tenancingo
son ejemplos del auge de los carmelitas en la época virreinal.
En 1597, el cacique indígena de Coyoacán, don
Felipe de Guzmán Itzolinque, Andrés de Mondragón y Elvira Gutiérrez donaron a los
carmelitas de México unos terrenos en los barrios coyoacanenses de Tenanitla y
Chimalistac, a pocos kilómetros al sur de la ciudad capital. Así los religiosos
dispusieron de un extenso terreno para establecer un nuevo colegio y casa. La fundación
definitiva del colegio carmelita dedicado a San Ángel se realizó en 1613.
Para la edificación del colegio llamaron al hermano
fray Andrés de San Miguel quien contaba con la experiencia para diseñar y dirigir la
nueva obra, la cual da inicio el 29 de junio de 1615 con la colocación de la primera
piedra.
En 1617 el colegio estaba tan avanzado que fue
posible el traslado de los estudiantes y continuar su curso en el nuevo edificio, el cual
resultó tan amplio y bien acondicionado que en 1618 se convirtió en sede de las
reuniones trianuales de las autoridades de la provincia, conocidas como capítulo
provincial. El templo anexo al convento fue edificado entre 1624 y 1626, y para 1628 se
daban por terminados los trabajos principales de la construcción, aunque se siguió
trabajando en la cerca que limitaba la enorme huerta y en las ermitas, puentes y obras
hidráulicas y agrícolas que le eran indispensables. La huerta, que estaba cercada en
todo su perímetro, se extendía hacia el lado oriente del colegio, ocupando gran parte de
la actual colonia Chimalistac, y fue destinada a la plantación de árboles frutales, los
cuales con el tiempo proporcionaron al colegio ingresos suficientes para subsistir y
ayudar a otras fundaciones de la provincia, ganándose con esto fama y prestigio.
Tanto las peras, manzanas, y perones, como las
muchas flores y hortalizas que en ella se sembraron, irrigadas por las aguas del río de
la Magdalena, hicieron a San Ángel acreedor de una merecida fama de lugar placentero y
saludable, propio para el veraneo.
Las celebraciones que hasta la fecha se realizan en
este barrio de la ciudad, encuentran sus raíces en esa labor de los carmelitas. El
crecimiento económico benefició a los habitantes del pueblo, quienes sustituyeron el
nombre de San Jacinto Tenanitla por el de San Ángel.
En 1634 se cambió el nombre oficial del colegio por
el de Señora de Santa Ana. El cambio de nombre se dio oficialmente, pero en lo cotidiano
y entre los pueblos se le seguía llamando con su antiguo nombre de San Ángel.