Al sur del actual Puerto de Haifa, en Palestina, se
eleva el Monte Carmelo, desde donde se domina el mar Mediterráneo. En la época de las
cruzadas, hacia 1156, algunos peregrinos y algunos soldados decidieron establecerse en el
monte. Es del Monte Carmelo, de donde toma su nombre la orden, nombre que significa,
"Jardín o Huerta". Decidieron hacer en el monte su lugar de retiro, para
dedicarse a una vida de oración, penitencia y trabajo, y solo se reunían con los demás
para la celebración de ciertos actos litúrgicos.
En los primeros años del siglo XIII, Alberto,
patriarca latino de Jerusalén, escribió las primeras normas de vida para los ermitaños,
dando inicio a su vida dentro de la iglesia católica. Para 1247, los carmelitas ya se
habían esparcido por el Medio Oriente y Europa.
La orden carmelita acompañó al resto de la iglesia
en los cambios que se sucedían entre fines del período medieval y principios del
renacimiento.
En 1452 el general Jean Soreth obtuvo la
autorización para crear la rama femenina de la orden. Las monjas carmelitas pasaron de
Francia a otros países europeos, haciendo de España un lugar clave de la fe carmelita.
Para el siglo XVI los carmelitas se habían alejado bastante de los
principios y propósitos originales. Ante el estado que guardaba la orden, la hermana
Teresa de Jesús se propuso devolverla a su origen y emprendió una reforma interna. Poco
después Fray Juan de la Cruz se decidió a realizar lo mismo con la rama masculina.
Estos hechos marcaron el nacimiento de la llamada
descalces de la orden carmelita. En 1593 los carmelitas descalzos o reformados se
independizaron del todo de los carmelitas calzados o mitigados, los cuales no aceptaron la
reforma y se instituyeron en otra orden.